Tras el Brexit, los Veintisiete se lanzan ahora contra la Comisión Europea

Con información de ABC Internacional
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La Unión Europea necesita un nuevo rumbo después de la salida de Gran Bretaña, pero probablemente no será el que esperaban los espíritus mas europeístas. Si hay que hacer caso al primer ministro eslovaco, el socialistaRobert Fico, hay una masa crítica, políticamente hablando, de países que creen que la situación aconseja que sean los Estados los que asuman el timón del proyecto europeo, ignorando a la Comisión.

Menos poder para Bruselas y más para las capitales es la receta que propone Fico, que hoy asume la presidencia semestral de la UE. Hay un grupo de países que está dispuesto a culpar a Bruselas de la experiencia que comenzó con las pasadas elecciones a la Eurocámara y que acabó –por ahora– con la primera salida de un miembro de la Unión. Con el drama de la inmigración como el principal problema en el orden del día, salen a la luz las versiones de quienes creen que fue un error que se dejara al veredicto de las urnas la designación del presidente de la Comisión Europea y aparecen incluso en Alemania las primeras críticas abiertas a Jean-Claude Juncker, cuya dimisión se reclama como uno de los responsables de esta gravísima crisis.

El símbolo de esta ofensiva contra las instituciones comunitarias por algunos gobiernos nacionales va a ser la reunión informal –a 27 otra vez, es decir, sin Gran Bretaña– el 16 de septiembre, en la que los jefes de Estado o de Gobierno se han comprometido a poner sobre la mesa ideas concretas para diseñar el futuro de la UE sin Gran Bretaña. El propio Fico decía ayer a un grupo de periodistas europeos que se siente especialmente satisfecho de haber convocado esa reunión en su país, en Bratislava, «porque aquí estaremos más cómodos para hablar» que en Bruselas, rodeados de todo el aparato institucional comunitario.

 Contra la inmigración

También es verdad que trasladando provisionalmente a la capital eslovaca el epicentro del poder, Fico espera poder ganar un poco más de peso para el grupo de Visegrado, del que forma parte junto a Polonia, República Checa y Hungría y en el que el principal consenso es la ferviente oposición a la política de acogida masiva de inmigrantes. Por un lado el socialista insiste: «La decisión de lo que tiene que ser la UE no la pueden tomar solo los fundadores, ignorando a los que entramos en 2004. Estos países hemos vivido en años transformaciones que en Occidente han tardado décadas», lo que a su juicio justifica las diferencias de mentalidad, que no deberían interpretarse como falta de compromiso con los principios europeos.

La idea de cortar las alas a las instituciones de Bruselas no suena mal a muchos gobiernos, empezando por la propia canciller Merkel o el presidente saliente, el holandés Mark Rutte, ambos de países fundadores. Pero eso no le tranquiliza a Fico, un socialista pragmático que en tal cuestión se alinea con el Gobierno nacionalista ultraconservador de Polonia. «No nos gusta que las decisiones las tome siempre un grupo de países, queremos que la fórmula que vamos a poner en práctica en la reunión de Bratislava sea el método de discusión del futuro».