La intolerancia de “simplemente Rubén”

Por Camelia Muñoz
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Camelia Muñoz

LAS PROTESTAS QUE MOLESTAN A RUBEN MOREIRASaltillo, Coah.- Desde el inicio de su gobierno, aunque antes era muy reconocido por sus desplantes y caprichos, el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdez ha mantenido una relación ríspida con la prensa que no se somete a su discurso y que no se limita a preguntarle lo que él presume. Su intolerancia a la crítica no se refleja sólo con los medios de comunicación, sino con  la sociedad y así quedó demostrado el fin de semana en Ciudad Acuña cuando respondió a una vecina que hacía un reclamo: “ya sé quién te trajo”, como buscando minimizar el derecho a manifestarse.

Sin embargo, no es el primer acto donde deja evidencia de lo fácil que le resulta perder el control cuando los hechos no tienen el desenlace que le causaría felicidad.
Hagamos un recuento. En un afán de caer bien, los primeros días de su gobierno dijo que sería amigo de los trabajadores de los medios de comunicación con quienes tendría que convivir. Sin embargo él quiso poner las reglas y exigía que lo llamaran simplemente Rubén; nada de “señor” o “señor gobernador”. Muchos lo acataron y otros decidimos rechazarlo porque implicaba aceptar una falta de respeto a su investidura, pero sobre todo al trabajo que realizamos y para el que es necesario mantener una sana distancia con el funcionario.
En su primer berrinche, recuerdo que me sujetó del brazo exigiendo: “Dime Rubén, dime Rubén”, “no te contestaré si no me dices simplemente Rubén”.
Los temas de la deuda y la inseguridad, junto con la sombra de su hermano Humberto Moreira, no podía sacarlos de la agenda y esto lo llevó a negarse a responder en reiteradas ocasiones, y luego a aplicar el primer acto de censura a los reporteros de los medios que daban esta cobertura. Su agenda se reservó y el acceso se dio a quienes atendieron la petición de Alberto Pimentel, cuyo cargo ostentoso ha quedado de lado para ser simplemente “el fotógrafo para redes sociales”, otro medio que le da felicidad a Moreira Valdez.
Siguieron los primeros meses del gobierno, quizá poco más de un año, y en las ruedas de prensa los empleados de Comunicación Social entregaban papelitos a los reporteros con las preguntas que debían hacer; nada que molestara al gobernante. Al ser descubierta esta medida, se  procedió a utilizar la tecnología y los correos electrónico o las plataformas de mensajería instántanea, fueron utilizadas para hacer llegar las preguntas a modo y que el mandatario contestaba felizmente.
Pasaron los meses, y ya casi por entrar al último año y medio de su gobierno, Rubén Moreira mantiene esa práctica de no atender cuestionamientos que perturban su felicidad y la agenda sigue restringida para algunos reporteros.
Moreira Valdez no ha entendido que la tiranía que identifica a su administración se ve a miles de kilómetros de distancia y aunque la mayoría de los medios de comunicación y sus reporteros entendieron que no deben incomodarlo, se ve que la felicidad no la ha obtenido a pesar de la prensa que sigue aplaudiendo su demagogia.
Ahora en los eventos la población los abuchea, le exige a gritos que  cumpla sus promesas, que sancione los abusos, que no criminalice y respete la opinión de la gente. Es la población que quizá sí ve noticieros, que sí lee periódicos y navega en internet y se da cuenta que esa realidad virtual que le proporciona algo de felicidad al gobernador, no es la misma que se vive a diario.
Quizá no le interese nada de lo que se comunica en medios de información, pero sí tiene el valor de encarar al gobernador para hacer sus exigencias en un estado donde sólo Moreira Valdez y sus seguidores quieren ver una feliz telenovela…. la de “Simplemente Rubén”.
came4123@gmail.com