El harakiri de Rubén Moreira

Artículo "Lo sostengo" Por Camelia Muñoz
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El harakiri de Rubén Moreira

Hasta los últimos días de su gobierno, Rubén Moreira Valdez quiere vivir en la mentira y en su intento desesperado por borrar los señalamientos que contra su persona existen por haber solapado a la delincuencia, se aplicó tremendo harakiri.

Durante todo su sexenio insistí con él, cuando lograba colarme a eventos luego del veto aplicado por mi interés en temas que lo incomodaban, y con varios de sus funcionarios para que determinaran la cantidad de personas que estaban en el estatus de desaparición forzada, pero jamás hicieron esa clasificación, quizá porque se les vendría abajo el show sobre su interés en buscarlos y encontrarlos, o quizá veríamos las dimensiones de un problema que se dejó crecer en tiempos del gobierno de su hermano.

El harakiri se explica de la siguiente manera: tras la reunión con familias que integran Fuerzas Unidas por Nuestros Desparecidos en Coahuila, que es representado por el Centro Diocesano de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y quien suscribió el informe de la Clínica de Derechos Humanos integrado con las declaraciones de personas procesadas en los Estados Unidos y funcionarios federales que llevan dichos juicios; Moreira Valdez emitió un comunicado en el que se autoproclamaba defensor de los derechos de la galaxia y haber encontrado, nada más y nada menos, que a cuatro mil personas desaparecidas, una cifra similar a la que Tamaulipas tenía hace tres años entre personas no localizadas; terrible comparación ¿verdad?

De ser esto cierto, lo que debiera preocuparle al mandatario son las implicaciones de lo que asegura: genocidio, fosas, abusos, crímenes de lesa humanidad, o como quiera llamarles. Esto es mucho más grave que el informe coordinado por el director de la institución, Ariel Dulitzky, que dicho sea de paso tiene un amplio curriculum en materia de derechos humanos que el mandatario pretende manchar con su berrinches al asegurar que la universidad se desligó de su trabajo y para lo  cual utilizó su ejército de botts, alimentados por gente como Juan de León y David Aguillón.

Cuatro mil personas localizadas, vivas o muertas, no es cualquier cosa y ahora lo dice al verse acorralado y desacreditado, aún más. Hoy les da la razón a quienes han denunciado los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la entidad, le da la razón hasta a los delincuentes detenidos en Estados Unidos que lo acusan de haberlos protegido y para lo cual recibió maletas de dinero y que con sus medios de comunicación fieles quiso desacreditar a la Universidad de Texas, fiel a su costumbre y recordando si maquiavélica frase de: “a quien se nos ponga enfrente, lo vamos a aplastar”, incluyendo a él mismo que quedó bajo las mentiras que creó y se creyó.

El berrinche que lo llevó a evidenciar su discurso demagógico se mantuvo toda la semana, luego de darse a conocer el informe de Dulitzky y durante la reunión con FUUNDEC, la cara de Moreira destilaba malestar y repudio a las familias, a las que ni siquiera se acercó a saludar.

Seguramente lo que esperaba el mandatario era que le aplaudieran y le dieran infinitas gracias, como lo dejó de manifiesto en muchos de los boletines que emitió de reuniones pasadas sin considerar a las familias. No, no había manera de que una de esas familias lo hiciera como él quería, por la simple razón que en seis años no sancionó a ministerios públicos que se encargaron de mal integrar las carpetas de investigación por desaparición, ni siquiera llamó a declarar a funcionarios de alto nivel responsables de la seguridad del estado y de los reclusorios, así como en la procuración de justicia. Quienes realizaron  estas atrocidades para desaparecer a las 4 mil personas que dijo fueron localizadas, no actuaron solos y él lo dijo muchas veces al acusar a su hermano de permitir que la delincuencia se apoderara del estado.

“Por lo que estamos aquí no hay resultados”, le dijeron de frente varias mujeres y hombres al reiterarle que no encontraron a sus seres queridos, ni vivos ni muertos, como él asegura, pero tampoco hubo justicia.

Imposible de creer que el autonombrado “gobernador de los derechos humanos” no entregue cuentas buenas en materia de justicia, porque las familias no andaban tras apoyos sino con la esperanza de encontrar a su gente y que por lo menos hubiera a quien culpar de lo ocurrido, pero Moreira Valdez pretendió que le agradecieran lo que por obligación tenía que hacer.

Ahora ni como decir que hay quienes buscan desacreditarlo, si sólo se echó de cabeza y dejó abierta la posibilidad de más investigaciones, porque en el 2014 los datos de Coahuila arrojaban mil 300 personas desaparecidas y en ese entonces el gobierno estatal daba a conocer que se tenía registro de por lo menos 11 personas que pudieron haber sido asesinadas en el penal de Piedras Negras; luego la cifra ascendería a 34, ¿de dónde salieron las otras para ese total de 4 mil localizadas vivas y muertas? y lo que es peor ¿Cuántas más están desaparecidas?

Si piensan que esto es todo en el tema, hay que esperar al informe del equipo de investigadores forenses colombianos que evalúan su trabajo. Ya le presentaron algo previo y para nada le gustó, pero las conclusiones serán catastróficas ante la nula investigación en el tema y por consecuencia, dejará al descubierto sus mentiras que lo alimentaron en el sexenio.

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