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MIS DIEZ DÍAS EN LA SERENA

Por Gloria Ruiz.
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MIS DIEZ DÍAS EN LA SERENA

“El tiempo se detuvo” dijo Valeria y le contesté ¡El mundo siguió girando sin nosotras y no ha pasado nada! Antes de llegar a Casa La Serena  pensábamos que diez días eran demasiados para ausentarnos de nuestra actividad periodística, inclusive de nuestra familia ¿Qué íbamos a hacer en diez días, quiénes irían, podríamos congeniar, nos gustaría? Cinco periodistas agredidas, cinco historias, cinco personalidades fuertes; pero lo que aún no podíamos ver era que también llegaban cinco mujeres y que cada una llevábamos algo que sanar en nuestras vidas.

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La invitación para asistir al Taller de Auto cuidado y Sanación me llegó por parte de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) antes de concluir el proceso electoral de 2018 y lo primero que pensé y respondí fue: “Si claro que me gustaría ir, solo espero que la elección concluya tranquila, de lo contrario me sería muy difícil dejar la ciudad en ese momento” creo que todas pensamos lo mismo; siempre pensando en lo que los demás demandan de nosotras. Sin embargo el momento de confirmar llegó y casi sin pensarlo dije que sí; no me emocioné como con otros viajes, no corrí a comprar cosas, solo lo esencial, preparé maleta, me despedí de la familia con el alma en un hilo, siempre pensando en lo que podría pasar estando ausente porque así vivimos muchos periodistas en México, en la zozobra, aunque cada día nos levantamos dispuestos a seguir adelante es inevitable que a la par nos acompañe la idea de que algo malo nos puede suceder, esas ideas estuvieron presentes en gran parte de las horas que viajé en avión; cuando arribé a Oaxaca, ya me esperaba Itzel, la dulce Itzel  del Consorcio Oaxaca y su esposo Emmanuel, quien fue tan amable y paciente con nosotras apoyando con los traslados en los paseos; estaban también dos colegas periodistas que asistían (Las llamaré por el nombre de sus Diosas; mismas que descubrimos en una de las terapias impartidas, menos a “Valeria” ella quiso ser Valeria en esta historia) “ Inana de la selva” a quien ya había conocido en otro viaje a CDMX, una mujer con un don especial, desinhibida y siempre bromeando aun con el peso de los problemas que nos quejan a los y las periodistas y sí, también con un dolor que laceraba el alma; como te extraño hermana; también estaba  la Diosa Lakshmi, una periodista muy joven, sin embargo en su semblante reflejaba cierto dolor que las jóvenes de su edad normalmente no muestran; algo fuerte debe estar viviendo pensé y sí, lo sabría después; te abrazo mi pequeña hermana porque me recuerdas tanto mis inicios en este oficio y porque tenemos coincidencias de vida.

Apenas se abrió el portón que resguarda la entrada a La Serena y pude respirar un aire diferente, percibir una energía positiva, los murales en las bardas, los jardines, ese pino del que me enamoré y el que más tarde en uno de los talleres, mis compañeras convertirían en un pino navideño que nada tenía que ver con el dibujo que inicié y ellas terminaron, todas reímos como locas. Adentro estaba Angelita, quien nos cocinaría los diez días y a quien todas querríamos llevar con nosotras al regreso; también estaba “Inana del mar” trabajando, siempre trabajando; nos saludamos y elegimos habitación, decidí quedarme en la habitación para tres con “Inana de la selva” y la última de las cinco periodistas que estaba por llegar, aun no sabía de quien se trataba.

Mi habitación compartida, tenía una enorme puerta corrediza de cristal que daba a una terracita con dos hIMG_20180720_144627802_HDRamacas y parte del jardín con un naranjo cuya fruta caía al suelo y la imagen era digna de una fotografía; compartiríamos en ese espacio parte del tiempo libre recostadas en las hamacas, casi siempre para fumar un cigarro a escondidas, al menos los primeros días. Minutos después me enteré que estaba por llegar  “Valeria” ya la conocía y le tenía y le tengo un profundo cariño y respeto; inmediatamente pensé que iba a impartirnos un taller, pero no, cada minuto en La Serena era una sorpresa; “Valeria” era la periodista que faltaba para completar el grupo de cinco; nos vimos, nos abrazamos y decidió compartir habitación con “Inana de la selva” y conmigo “Afrodita” ¡Que trio de diosas en una sola habitación por Dios! Porque Valeria también tiene su diosa. Que gran enseñanza nos dio Valeria; !Las mujeres fuertes también sufren y pueden llorar, también necesitan quien las abrace y quien las  cuide! Hoy te admiro y respeto mucho más hermana Valeria.

Todo en La Serena es cálido, armonioso, cada una de las terapeutas que nos atendieron son especiales en su trato, Eliz, Itandehui, Elida, Yesenia, Alejandra, Angélica, Angie, Mariana, Martha, la niña de ojos grandes y bellos, pasante de psicología, Anisha “La mujer árbol” así la llamé, una hindú alta, delgada, fuerte y descalza, mística; al verla así me imaginaba a una mujer árbol y empecé a andar descalza. Nunca esperé llegar a un lugar donde me atendieran de esa forma, donde  lo único de lo que me tenía que ocupar era de arreglar mi cama y lavar mi ropa, porque el desayuno y la comida saludables estaban listos a sus horas. En La Serena cada taller, cada terapia tenía un por qué y era precisamente ayudarnos a reencontrarnos con las mujeres que somos, con nuestra esencia,  a escuchar nuestros cuerpos, a sacar todos esos problemas cotidianos, el dolor, el cansancio, a reconocer nuestras fortalezas pero también nuestras debilidades y nuestros errores, a entender que teníamos que hacer un alto en el camino, a dejar por un momento a un lado a la periodista corazón de piedra, la que resuelve problemas a los demás, la que nunca se cansa ni muestra su sensibilidad ante la sociedad ni se puede poner a llorar con los temas trágicos que aborda, pero sobre todo, la que tiene que salir día a día a dar la cara y con la frente en alto, como si las agresiones, los insultos, las amenazas,  los intentos de desprestigio a nuestro trabajo no nos tocaran el alma; todo eso sin contar con la carga de emociones que en muchos de los casos nos dejan problemas personales. Todo, absolutamente todo iría saliendo al transcurrir de los días; el alma nos quedaría desnuda una frente a la otra para terminar comprendiendo que éramos tan parecidas, que veníamos cargando un enorme costal lleno de sentimientos, frustraciones y hartazgos tan similares. Sería un pecado no mencionar la noche en el temazcal, las ciIMG_20180719_184021883nco semidesnudas en completa oscuridad; estuve a punto de salir corriendo porque me sofocaba el vapor que salía de la enorme piedra caliente al recibir el agua, pero para entonces la maestra de yoga ya nos había enseñado a respirar y fui recobrando la calma, nuestra guía la señora Norma, nos pasó unos ramitos de hierbas aromáticas con los que nos hicimos una limpia, empezamos a cantarle a las plantas, a las aves, al agua, a la vida, nos tomamos de las manos y algunas empezaron a llorar sin poder contenerse, mis lágrimas rodaron en silencio confundiéndose con el sudor, sintiendo la emoción y el dolor de mis compañeras, luego la guía nos pidió que dijéramos algo que naciera de nuestro corazón y quise hablar; en la oscuridad total tomadas de las manos solo podía hablar desde el fondo del alma: “Quiero agradecer a Dios por haberme dado la oportunidad de estar aquí con ustedes, en estos días hemos vivido cosas muy fuertes y me llevo a cuatro hermanas en mi corazón  para toda la vida, las quiero mucho” minutos después nos sacaron de a una envueltas en sábanas blancas y nos pasaron a una habitación donde nos acostamos sobre unos  enormes tapetes envueltas en cobijas, había una imagen religiosa grande, era un altar; la temperatura esa noche era de unos 10 grados y estábamos bañadas en sudor; empezamos a reír a carcajadas de nosotras mismas, otra vez a reír, era increíble lo que estábamos viviendo; reímos y lloramos tanto esos diez días…Estábamos sanando el alma, aun brotan mis lágrimas al recordarlo.

Aunque nos dijeron que una de las reglas de La Serena, era no usar celular ni computadora durante la estancia, como siempre las periodistas rompemos las reglas y nos permitieron hacerlo en el tiempo libre y por las noches; no podíamos darnos el lujo de ausentarnos totalmente de nuestra actividad pero si logramos desconectarnos lo suficiente para vivir nuestra experiencia. El recibimiento fue un masaje holístico y una deliciosa comida, todo muy sano en manos de Angelita, a base de semillas, frutas, verduras, vegetales, granos; pero casi al final cedieron a cocinarnos algo de carne, tomar café y por las noches la cena corría por nuestra cuenta, nos podíamos cocinar algo o pedir comida de algún restaurante;  ¡Por supuesto pedimos tlayudas!

Nuestra estancia es la primera que se organiza con periodistas, las anteriores fueron con defensoras de derechos humanos de México y extranjeras; oramos porque vuelvan a invitar a periodistas, creo que hemos sido las más desordenadas pero de las más apasionadas, quizás las que más hemos hecho reír a las terapeutas. Tuvimos talleres de barro con auto-retratos, de pintura, de grabado, elaboración de jabones con hierbas aromáticas, belly dance (danza del vientre) no, no bailaremos jamás como Shakira, pero enterarnos de que para el belly dance se requiere tener pancita fue la locura;  terapias de sanación del útero, tampoco imaginé hacer una vaporización vaginal delante de tantas mujeres, todavía muero de risa cuando recuerdo, pero es genial saber por qué y para qué debemos hacerlas;  ayurveda, anti-gimnasia, neuromuscular, mucho de esto basado en prácticas ancestrales; la psicoterapia  grupal e individual ¡Uff! aquí debo hacer un alto; Angélica, la excelente psicóloga  nos desnudó el alma, nos enfrentó a la  forma en que realizamos nuestro trabajo y a la forma en que enfrentamos la vida personal; nos involucramos tanto en el trabajo que dejamos de ver por nosotras para acompañar de forma equivocada; decir no, decir hasta aquí puedo, incluso con nuestra propia familia,  es algo por lo que no debemos sentirnos culpables; “Aquí no están las periodistas fregonas que a todo le entran, bajen el escaloncito, quiero que se vean como las mujeres que son” palabras más, palabras menos, eso nos decía Angélica, una mujer con mucho carácter y con el conocimiento profesional para manejar a cinco mujeres rebeldes y con una vida laboral y personal complicada. Nos dobló y fue recortando de pies a cabeza para después ayudarnos a juntar y pegar pedazo a pedazo de nosotras mismas, con mucho cuidado, con humildad, reconociéndonos, queriéndonos, aceptándonos, perdonándonos y perdonando; nos pidió dibujarnos en una enorme hoja de papel y pegarlo en la pared para después decirnos lo que expresábamos, lo que traíamos dentro; la última noche en La Serena, rompimos esos dibujos y los quemamos, ya no éramos las mismas mujeres  que habían llegado 10 días antes, fue nuestro último decreto esa noche y como testigo una hermosa luna; sí, aprendimos que todas las mujeres somos brujas y que serlo no es malo, la parte buena de las historia de las brujas dice que fueron mujeres sabias pero incomprendidas en su época, libres de pensamiento y sexualidad, amaban la naturaleza y la usaban para producir remedios medicinales, disfrutaban las reuniones entre mujeres, bailaban, cantaban, su espiritualidad era poderosa y eso molestaba a quienes profesaban creencias religiosas, por eso las quemaban vivas; así que  la próxima vez que te digan bruja, siéntete sabia y afortunada.

Los altares; que emoción al recordar; fue el último día en La Serena, cada una tenía que elaborarse un altar, sí, un altar a nosotras con nuestra mejor fotografía que tuviéramos, con elementos tradicionales de un altar mexicano, incluyendo por escrito las cualidades que nos reconocíamos para que después las demás nos dijeran lo bueno que veían en nosotras; todas lloramos, era la despedida, era la conclusión de un trabajo de introspección, de convivir con el corazón entre mujeres, de tocar el dolor y aprender a manejarlo, aprender a auto-cuidarnos y sanar; como olvidar cuando “ Inana del mar” nos presentó su altar, ella había llegado como todas con fuerte tensión laboral, pero en su vida había un dolor muy grande; el primer día dijo que se quería morir, toda ella era negativa,  aunque ni eso podía ocultar el gran ser humano que es, pero estaba negada; creímos que no alcanzaría a superarlo en diez días; sin embargo el trabajo de las terapeutas fue increíble y por las noches seguía nuestra terapia, las cinco solas en interminables pláticas, lloramos, reímos y hasta tomamos mezcal ¡yo aprendí a tomar mezcal! eran nuestras reuniones “brujiles” y la última noche festejamos con karaoke y otro poco de mezcal, disfruté tanto viendo a “Inana del mar” cantando, me le uní para cantar “El noa noa” nos lo merecíamos, no fallamos a ninguna terapia ni taller, escupimos todo lo que nos ahogaba, menos el mezcal claro.  Así “Inana del mar” empezó a sanar y esa tarde del altar, mientras Anamaría, la coordinadora general de Consorcio Oaxaca y bella mujer le hablaba a “Inana del mar” quien mantenía sus ojos cerrados, vimos como una hermosa mariposa llegó revoloteando  al centro de nosotras, se posó un segundo en una silla y luego se fue volando hacia el otro lado del jardín ¡No había otra mariposa esa tarde! Nos quedamos perplejas y cuando “Inana del mar” abrió sus ojos se lo comentamos, se cubrió el rostro con sus manos y empezó a llorar, todas llorábamos, nos dijo que cuando era pequeña, su abuela le decía que al morir las personas se convierten en mariposas; el primer día en La Serena, en una ceremonia guiada por Anamaría, nos hicimos una limpia, saludamos a los cuatro puntos cardinales y pedimos en silencio que el espíritu o energía de un ser querido nos acompañara los diez días en el proceso; “Inana del mar” pidió que su madre fallecida estuviera con ella y la mariposa materializó esa presencia; fue hermoso;  las cinco nos abrazamos llorando y prometimos seguir unidas a pesar de la distancia…Cuento los días para el reencuentro con mis hermanas de sanación;  es increíble la energía tan poderosa que se concentra cuando mujeres en pro de una sola causa u objetivo, se reúnen, se escuchan, se apoyan.

La salida; no puedo decir que ahora entiendo a los expulsados del Big Brother porque son conceptos muy difereIMG_20180726_095017231ntes pero sufrimos; Inana de la Selva y Lakshmi fueron las primeras en irse de madrugada, las vi caminar arrastrando sus maletas,  salimos a despedirlas hasta el portón donde ya esperaba el taxi, luego se fue Inana del Mar ¡Dios! verla con esa sonrisa tan hermosa que fue brotando natural al paso de las terapias, mitigó la tristeza de verla partir; podría con lo que le esperaba, estábamos seguras de ello; luego seguiría Valeria y al final yo, Afrodita, pero me negué a quedarme sola, no podía con eso, decidimos salir  juntas; antes recorrí la casa y el jardín descalza, hace tantos años que no andaba descalza y en La Serena recobras tu contacto con la naturaleza; abracé al pino hermoso y le prometí que le haría llegar unas bellas campanitas que hará sonar el viento, luego le pedí a Valeria que me tomara una foto sentada bajo su sombra.

Casa La Serena, ha sido un parteaguas en un momento de mi vida en el que me estaba cuestionando muchas cosas personales y profesionales, en el que el agotamiento empezaba a hacer estragos y que de no haber sido por esos maravillosos diez días y todo lo que me enseñaron a ver, sentir y manejar, no habría podido enfrentar de la misma forma días después, una tensa situación familiar. Me atrevo a compartir parte de esta historia porque considero que es mi deber como mujer y feminista, decirle a otras mujeres que no estamos solas, que cada vez son más los organismos de apoyo y somos más las mujeres que nos tomamos de la mano para fortalecer nuestra lucha social por lograr el respeto, igualdad y reconocimiento en cada una de las actividades que realizamos cuando éstas las hacemos con pasión y responsabilidad.

A cada una de las bellas mujeres que forman parte de Consorcio Oaxaca, para el diálogo parlamentario y la equidad; que estuvieron con y para nosotras en Casa La Serena, solo puedo decirles GRACIAS, Anamaría Hernández, coordinadora general; en el equipo: Nallely Tello, Itzel Guzmán, Cinthia Pacheco, Elizabeth Mosqueda y Mónica Martínez; por su calidez, los paseos, su profesionalismo, su paciencia y ese gran deseo de lograr el cuidado y sanación de las mujeres que hemos tenido la fortuna de llegar a ese remanso de paz y descubrir guiadas por ustedes, que existe el camino para seguir adelante en este ir y venir entre lo atroz y lo insultante, entre la tristeza, la corrupción y la impunidad, ese camino que puede darnos la fortaleza, el coraje, el empuje para no rendirnos, pero siempre escuchando nuestro interior y  saber cuándo debemos hacer un alto en ese camino, respirar, andar descalzas, llorar, reír, abrazarnos, compartir, hablar, reconocer errores y asumir la parte que nos corresponde…Luego continuar serenas en dirección a lo que ya no podemos, ya no queremos dejar de ser.

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